domingo, 8 de marzo de 2009

EL TRABAJO COMO FUENTE DE ALEGRIA


por Aníval Cuevas

Existe la creencia generalizada de que el trabajo es un castigo. Se trata de una vieja afirmación cuyo origen es una lectura incorrecta del Libro del Génesis. Según esa idea el trabajo sería un castigo de Dios a la humanidad al haberse rebelado Adán y Eva contra Él. Quienes esto interpretan no tienen en cuenta que el mismo Libro, mucho antes, se refiere al trabajo como participación del hombre en la obra de la Creación. Por tanto el cansancio o maldición es consecuencia del pecado original y no parte consustancial del trabajo.

Hay quienes lo consideran únicamente como fuente de ingresos, otros lo usan para escalar posiciones sociales o prestigio, algo que no está mal si éste se situa en su lugar y no como fin último. Algunos no conceden trascendencia a su trabajo y lo hacen de cualquier manera, incluso si pueden no trabajan o trabajan menos. Por el contrario hay quien hace del trabajo el centro de su vida y cayendo en la profesionalitis. Indudablemente actitudes ante el trabajo como las descritas hacen que este sea percibido como un castigo que, además, suele afectar a la vida personal y familiar.

Para una persona equilibrada acabar bien el trabajo, sea cual sea, debe suponer una honda satisfacción producto de la labor bien hecha. Es importante la actitud con la que se afronta y la motivación que nos dirige. Me parece muy útil e interesante recuperar el origen primero del trabajo, para ello puede ser de eficaz ayuda conocer la Doctrina Social de la Iglesia y algunos documentos papales de los últimos siglos sobre el sentido del trabajo.

Sin dudarlo me sumo a la idea del profesor García Hoz de que el trabajo puede ser fuente de alegría.

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