domingo, 3 de enero de 2010

ABRAZOS...


Gonzalo Rojas Sánchez

En ese abrazo del 31 a la medianoche, los humanos nos expresamos cosas tan distintas.

Los más silvestres, los más primitivos, seguramente ya entonaditos, se desearán buenas venturas y quizás comiencen de inmediato alguna aventura poco recomendable. Son los abrazos del comienzo del carrete, abrazos-pre.

Los afectivos, los sentimentales, expresarán con abundante sobajeo lo rico que es tener cerca —demasiado cerca en esos momentos— a esas personas a las que miran con ojitos dulces, pero a las que no necesariamente están dispuestos a comprender. Son los abrazos latigudos del que saca fuerzas del corazón, pero no tiene una voluntad muy fuerte que digamos.

Uno que otro, más racional y frío, abrazará con precaución y deseará éxito, mucho éxito, mientras piensa en resultados mensurables, en curvas de producción o en aumentos del lucro. Le encantará oír esa misma palabra de vuelta, como santo y seña; como seña y seña, mejor. Son los abrazos funcionales, porque hay que darlos, porque quizás surge algún negocio entre los brazos. Se dan hasta el 10 de enero, si convienen.

Debe haber más tipos, es cierto, pero faltan los mejores, los abrazos del cuenta conmigo para lo que quieras, mientras se le dan gracias a Dios por la vida, la fe, el trabajo, la familia, y los proyectos que quizás, con Su ayuda, puedan cuajar en el año que comienza. Son abrazos que comprometen en la conciencia y de palabra.

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